«No se puede mandar en la vida de las hijas porque ellas son otro ser humano, entonces se tiene que platicar mucho, dando consejos y siendo su amiga. Así es como en el futuro van a ser mujeres con confianza en ellas mismas»

Nunca viví con mis papás sino con mis tías. Mis sobrinos me hacían pagar por cosas que yo no hacía y luego venía mi mamá y agarraba cualquier palo que encontraba y me pegaba hasta que no terminaba con él.. Me podia ver tirada en el suelo y me daba patadas hasta que se le pasaba. Me llegó a romper costillas. Así pasé muchos años.
Luego me fui a vivir con mi tía que si me cuidaba y quería. Hasta que un día mi mamá decidió que me tenia que volver con ella porque se dio cuenta que me querían.
A los 8 años empecé a trabajar cuidando niños y a los 9 me casé.
Conocí a mi marido un día en el cine acompañando a mi prima y su novio. Él se fijó en mí desde el principio y a partir de ese día hizo todo lo posible por verme. Venia a mi trabajo y me decía que quería salir conmigo, pero yo tenía miedo que mi madre se enterara y me regañara. No entendía nada y no sabía nada de las relaciones entre un hombre y una mujer.
Luego mis tíos, empezaron a dejarnos solos en una casa. Al principio yo pensaba que él estaba loco porque se desvestía y quería que durmiéramos en la misma cama. Mi tía empezó a explicarme lo que se suponía que tenía que hacer, pero yo les decía que eso no me gustaba y que no quería hacerlo porque pensaba que era pecado.
Finalmente lo organizaron todo para nos casáramos Me aconsejaron que era la mejor idea para que mi mamá dejara de pegarme. Cuando nos casamos, al principio no me dejaba salir de casa y me dejaba encerrada todo el día. Yo le decía que quería ser monja, pero luego cuando empezamos a tener relaciones ya pensé que no era posible porque había cometido un pecado. Por aquel entonces, yo pensaba que los bebés había que comprarlos porque nadie me había explicado que yo podía tener hijos, yo pensé que para tener un bebé tenías que comprarlo.
Con el tiempo llegaron los niños y como a mi marido no le gustaba trabajar tuve que empezar a hacerlo yo. Y ahí es cuando empecé a emprender y llevar mis propios negocios ya que tenia que mantener a mis hijas y a mi marido. Pensé muchas veces en separarme, pero él y su familia eran todo para mí, y no tenía a nadie más. Y así pasé muchos años hasta que finalmente decidí separarme porque no podía aguantarlo más tiempo. No fue fácil pero hoy estoy feliz de haber tomado esa decisión.
Creo que es muy importante decirle a las mujeres que son o serán madres, que quieran mucho a sus hijas. Que sean amigas de ellas y que les expliquen las cosas de la vida. Que no digan, es solo mi hija, sino que sean sus amigas, compañeras y que puedan platicar con confianza de todas las cosas. No se puede mandar en la vida de las hijas porque ellas son otro ser humano, entonces se tiene que platicar mucho, dando consejos y siendo su amiga. Así es como en el futuro van a ser mujeres con confianza en ellas mismas y tomarán buenas decisiones.
